Tradicionalmente, la educación
para los niños que hablan idiomas indígenas en los países latinoamericanos ha
sido conducida en castellano, ya que se asumía que si dicho idioma era
importante para sus vidas futuras, había que sumergirlos en él desde el primer
día de su escolaridad. Se suponía, además, que al rodear al niño del castellano,
al enseñársele exclusivamente en este idioma, su adquisición sería fácil e
inmediata. Un desconocimiento del rol de la escolaridad y de la función de las
lenguas maternas y del castellano ha permeado los planteamientos educativos que
se han hecho para las poblaciones indígenas, lo que ha tenido consecuencias
desfavorables. Por lo mismo, es importante analizar los mitos al respecto
–aseveraciones que se consideran verdaderas, pero que no están sustentadas por
la experiencia ni estudios en el campo- para contrarrestarlos y poder basar
nuestras propuestas educativas y didácticas en entendimientos válidos.Mito 1 La primera prioridad que se debe tener en la educación de los
niños y niñas de habla indígena es el aprendizaje del castellano.Es indudable que para poder
participar en el funcionamiento cotidiano de nuestras sociedades
latinoamericanas, con la excepción de Brasil, necesitamos hablar, leer y
escribir en castellano. Esto no significa necesariamente que debamos empezar
dedicando todos nuestros esfuerzos a enseñar a los niños y niñas exclusivamente
en castellano. El objetivo central de cualquier proceso educativo es formar
niños y niñas que puedan leer, escribir, pensar críticamente y desarrollar sus
habilidades para continuar aprendiendo a través de sus vidas. ¿Cómo logramos
esta meta final de la educación?Sabemos que para que el proceso
educativo sea fructífero, es indispensable que se construya en base a los
conocimientos que el niño o la niña lleva a la escuela, a los saberes que ha
desarrollado por ser miembro de una familia y de una comunidad. Sabemos también
que la educación funciona cuando los niños y niñas son participantes activos de
su educación e interactúan los unos con los otros, con el maestro y con su
entorno. Esto requiere que los niños o niñas relaten experiencias, las
comparen, analicen, escriban, lean, evalúen, etc. y ellos solo podrán
participar en este tipo de actividades si éstas son realizadas, inicialmente,
en el idioma que manejan, es decir, en el idioma de su hogar.¿Qué momento entonces, le
dedicamos a la enseñanza del castellano? Al mismo tiempo que el niño o la niña
desarrolla sus habilidades de pensamiento crítico y aprende a leer y escribir
en su lengua materna, el castellano deberá ser enseñado con estrategias específicas
de enseñanza de segundas lenguas, es decir, asumiendo que es un nuevo idioma
para el niño o la niña y que, por lo mismo, requiere de estrategias especiales
para su trabajo. Una vez desarrolladas ciertas habilidades escolares en la
lengua materna, y cuando los niños o niñas cuenten con un nivel básico de
manejo del castellano oral, con el apoyo de actividades que el maestro
presente, estas habilidades podrán ser transferidas desde el idioma materno al
segundo idioma.Mito 2 Los niños y niñas aprenden otro idioma rápida y fácilmente.
Mientras más pequeño sea el niño mucho más fácil le será aprender otro idioma.Probablemente la creencia errónea
más generalizada respecto a la enseñanza de segundos idiomas es que, mientras
más pequeño sea un niño o niña dicho aprendizaje le resultará mucho más fácil.
Por lo general, esta creencia nace de la aparente facilidad que tienen los
niños o niñas para aprender unas cuantas frases en el idioma meta, lo cual se
confunde con un dominio del mismo. Otra razón que nos lleva a pensar que los
niños y niñas hablan bien el segundo idioma, se basa en el desconocimiento de
las diferentes exigencias comunicativas a las que son sometidos los niños,
niñas y los adolescentes. Si un niño o niña puede decir en un segundo idioma “Vamos
a jugar fútbol al parque” y “Pasa la pelota”, nuestro veredicto es
inmediatamente positivo: habla muy bien el idioma. Sin embargo, cuando
evaluamos a un adolescente, debe expresar ideas mucho más complejas, con mayor
dificultad lingüística, sobre todo para participar en sus cursos académicos.
Igualmente es importante analizar el contexto social dentro del cual se realiza
el aprendizaje de la segunda lengua. Los niños y niñas aprenden un segundo
idioma con facilidad y eficiencia, cuando el edificio de éste se construye
sobre las raíces y bases sólidas del idioma materno, respetándolo y estimulando
su desarrollo conjuntamente con el del segundo idioma. Si esta condición no se
cumple, resultará especialmente difícil a los niños y niñas aprender el segundo
idioma.Una situación positiva se da
cuando la lengua materna goza de prestigio social en la comunidad. Por ejemplo,
analicemos la educación bilingüe de niños y niñas de clase media alta, en la
cual ellos aprenden en inglés, francés o alemán, al mismo tiempo que en
castellano. A ninguna autoridad escolar se le ocurriría sugerir que para que
estos idiomas se desarrollen mejor debería eliminarse el castellano de la vida
de los niños y niñas, porque en estas situaciones el castellano goza de
prestigio social y económico, y sería imposible concebir el éxito social de un
individuo sin este idioma. Esto no es porque se trate del idioma castellano,
sino por el rol que éste juega dentro de la sociedad específica que se analiza.
En los Estados Unidos, por ejemplo, se dan muchas situaciones en las cuales el
castellano está estigmatizado y, por lo mismo, su utilización en las escuelas
se considera más bien como una traba que debe ser eliminada. En el primer caso,
cuando la lengua materna se valora al mismo nivel que el segundo idioma, nos
encontramos en casos de bilingüismo de elite y el aprendizaje del segundo
idioma por parte de los niños y niñas se facilita. En el segundo caso, el
bilingüismo folklórico, se desprecia la lengua materna de los educandos, lo que
dificulta su aprendizaje.En realidad, el período ideal
para aprender un segundo idioma se da en la pubertad y la madurez. Si el
adolescente o la persona mayor saben leer, escribir, y tiene un manejo amplio
de su propia lengua, esto, sus conocimientos del mundo y el dominio de
destrezas académicas, se convertirán en herramientas valiosas en el desarrollo
de la segunda lengua. Por ejemplo, aprendemos a leer una sola vez en un idioma;
de allí en adelante transferimos estas habilidades y las utilizamos en la lectura
en segunda lengua. Estudios realizados en Canadá han comparado el rendimiento
escolar de niños y niñas que fueron escolarizados desde el comienzo en un
segundo idioma, niños y niñas que empezaron el aprendizaje del segundo idioma
en segundo y cuarto grado. Cuando se evaluó y comparó el manejo de la segunda
lengua en los tres grupos, así como su manejo escolar del idioma, se descubrió
que los niños que empezaron más tarde rendían ligeramente mejor que aquellos
que iniciaron el estudio de la segunda lengua durante su primer grado de
escolaridad.El aprendizaje de una segunda
lengua implica un difícil trabajo mental y emocional y, por lo mismo, debe ser
planeado e implementado cuidadosamente. Es muy peligroso confundir la capacidad
de decir unas cuantas frases en castellano con el manejo del idioma que es
necesario tener para alcanzar éxito en la educación. Parte del fracaso escolar
de las poblaciones indígenas se debe precisamente a que se ha asumido que los
niños y niñas contaban con un manejo suficiente del castellano para ser
escolarizados exclusivamente en este idioma.Mito 3 Una vez que las o los estudiantes puedan hablar en castellano ya
están listos para ser escolarizados exclusivamente en ese idioma.Ligada al mito anterior, está la
creencia de que los niños y niñas ya conocen completamente el castellano cuando
pueden decir algunas palabras o frases y, por lo tanto, su escolaridad debe
continuar exclusivamente en castellano. La lengua indígena no debe ser
percibida como un trampolín hacia este idioma ya que tiene valor en sí misma y
cumple un importante rol en el desarrollo futuro de un individuo armónico y
productivo. Cuando la lengua familiar de los niños es vista como un problema
que debe ser erradicado, se viola el principio básico de valorar la identidad
de los estudiantes y los medios que ellos usan para conocer y relacionarse con
su entorno.El idioma que el niño y la niña
lleva a la escuela es parte de su identidad, y debe ser apreciado en el proceso
educativo como un recurso importante en el desarrollo de sus conocimientos
generales, su bilingüismo e interculturalidad. El costo individual y social de
rechazar la lengua y cultura de los educando es irreparable. Lo sabemos no solo
a través de la experiencia latinoamericana, ya que existen estudios que
documentan tragedias similares experimentadas por niños y niñas que hablan
lenguas amerindias o castellano en Estados Unidos, finlandés en Suecia, coreano
en Japón.El resultado negativo de
despreciar la lengua y cultura de los niños y niñas, se traduce en pobre
rendimiento académico, deserción escolar, baja autoestima, ruptura de la
estructura familiar, rechazo de lo propio, alienación e imposibilidad de
desarrollarse de manera profunda en aspectos académicos o sociales. La
educación de niños y niñas de habla indígena se propone romper con este círculo
vicioso al desarrollar su habilidad para comunicarse interculturalmente,
manejar con competencia tanto su lengua como el castellano, contar con las
destrezas y conocimientos que les permitan realizar sus aspiraciones y
alcanzar, en general, el desarrollo propio de un ser humano equilibrado y
productivo.Mito 4 El apoyo de la lengua materna se convierte en un impedimento
para el desarrollo del castellano como segunda lengua.Sabemos con certeza que el
elemento que predice con mayor exactitud el éxito en la adquisición de un
segundo idioma es el nivel de desarrollo de su lengua materna que tienen los
niños y niñas. Existe un vínculo directo entre el conocimiento del mundo, el manejo
de destrezas de conocimiento y la lengua materna.Esto implica que, dentro y fuera
de la escuela, debemos propiciar el uso del idioma materno de los niños y
niñas. La situación ideal para los niños vernáculo-hablantes, al igual que para
todo niño o niña, es aprender a leer y escribir en su idioma materno, y
estudiar al mismo tiempo castellano como segunda lengua, para que una vez que
cuenten con una base en este idioma, el currículo pueda continuar dividido
entre ambas lenguas. En cuanto al aprendizaje del castellano como segunda
lengua, son infundados los temores de que si el maestro debe explicar ciertos
procedimientos en el idioma indígena, estará desperdiciando tiempo valioso para
el desarrollo del castellano. Sobre todo al comienzo de la clase, el uso del
idioma de los niños será necesario de vez en cuando, pero tenderá a ir
desapareciendo ya que la explicación de procedimientos, por lo general, sigue
ciertas rutinas y es bueno que los niños y niñas se acostumbren a ellas en
castellano.De igual manera, de vez en cuando
los niños y niñas recurrirán a su idioma cuando estén tratando de entender
ciertas actividades de la clase. En estos casos es preferible no censurar el
uso de la lengua y apoyarlos con explicaciones y ejemplos en castellano que les
ayuden a entender mejor las situaciones.
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