Algunos mitos que se tienen en relación con la enseñanza del castellano como segunda lengua


Por: Ivette Arévalo Alejos, Karina Pardo Reyes, Nila Vigil Oliveros
Tradicionalmente, la educación para los niños que hablan idiomas indígenas en los países latinoamericanos ha sido conducida en castellano, ya que se asumía que si dicho idioma era importante para sus vidas futuras, había que sumergirlos en él desde el primer día de su escolaridad. Se suponía, además, que al rodear al niño del castellano, al enseñársele exclusivamente en este idioma, su adquisición sería fácil e inmediata. Un desconocimiento del rol de la escolaridad y de la función de las lenguas maternas y del castellano ha permeado los planteamientos educativos que se han hecho para las poblaciones indígenas, lo que ha tenido consecuencias desfavorables. Por lo mismo, es importante analizar los mitos al respecto –aseveraciones que se consideran verdaderas, pero que no están sustentadas por la experiencia ni estudios en el campo- para contrarrestarlos y poder basar nuestras propuestas educativas y didácticas en entendimientos válidos.Mito 1 La primera prioridad que se debe tener en la educación de los niños y niñas de habla indígena es el aprendizaje del castellano.Es indudable que para poder participar en el funcionamiento cotidiano de nuestras sociedades latinoamericanas, con la excepción de Brasil, necesitamos hablar, leer y escribir en castellano. Esto no significa necesariamente que debamos empezar dedicando todos nuestros esfuerzos a enseñar a los niños y niñas exclusivamente en castellano. El objetivo central de cualquier proceso educativo es formar niños y niñas que puedan leer, escribir, pensar críticamente y desarrollar sus habilidades para continuar aprendiendo a través de sus vidas. ¿Cómo logramos esta meta final de la educación?Sabemos que para que el proceso educativo sea fructífero, es indispensable que se construya en base a los conocimientos que el niño o la niña lleva a la escuela, a los saberes que ha desarrollado por ser miembro de una familia y de una comunidad. Sabemos también que la educación funciona cuando los niños y niñas son participantes activos de su educación e interactúan los unos con los otros, con el maestro y con su entorno. Esto requiere que los niños o niñas relaten experiencias, las comparen, analicen, escriban, lean, evalúen, etc. y ellos solo podrán participar en este tipo de actividades si éstas son realizadas, inicialmente, en el idioma que manejan, es decir, en el idioma de su hogar.¿Qué momento entonces, le dedicamos a la enseñanza del castellano? Al mismo tiempo que el niño o la niña desarrolla sus habilidades de pensamiento crítico y aprende a leer y escribir en su lengua materna, el castellano deberá ser enseñado con estrategias específicas de enseñanza de segundas lenguas, es decir, asumiendo que es un nuevo idioma para el niño o la niña y que, por lo mismo, requiere de estrategias especiales para su trabajo. Una vez desarrolladas ciertas habilidades escolares en la lengua materna, y cuando los niños o niñas cuenten con un nivel básico de manejo del castellano oral, con el apoyo de actividades que el maestro presente, estas habilidades podrán ser transferidas desde el idioma materno al segundo idioma.Mito 2 Los niños y niñas aprenden otro idioma rápida y fácilmente. Mientras más pequeño sea el niño mucho más fácil le será aprender otro idioma.Probablemente la creencia errónea más generalizada respecto a la enseñanza de segundos idiomas es que, mientras más pequeño sea un niño o niña dicho aprendizaje le resultará mucho más fácil. Por lo general, esta creencia nace de la aparente facilidad que tienen los niños o niñas para aprender unas cuantas frases en el idioma meta, lo cual se confunde con un dominio del mismo. Otra razón que nos lleva a pensar que los niños y niñas hablan bien el segundo idioma, se basa en el desconocimiento de las diferentes exigencias comunicativas a las que son sometidos los niños, niñas y los adolescentes. Si un niño o niña puede decir en un segundo idioma “Vamos a jugar fútbol al parque” y “Pasa la pelota”, nuestro veredicto es inmediatamente positivo: habla muy bien el idioma. Sin embargo, cuando evaluamos a un adolescente, debe expresar ideas mucho más complejas, con mayor dificultad lingüística, sobre todo para participar en sus cursos académicos. Igualmente es importante analizar el contexto social dentro del cual se realiza el aprendizaje de la segunda lengua. Los niños y niñas aprenden un segundo idioma con facilidad y eficiencia, cuando el edificio de éste se construye sobre las raíces y bases sólidas del idioma materno, respetándolo y estimulando su desarrollo conjuntamente con el del segundo idioma. Si esta condición no se cumple, resultará especialmente difícil a los niños y niñas aprender el segundo idioma.Una situación positiva se da cuando la lengua materna goza de prestigio social en la comunidad. Por ejemplo, analicemos la educación bilingüe de niños y niñas de clase media alta, en la cual ellos aprenden en inglés, francés o alemán, al mismo tiempo que en castellano. A ninguna autoridad escolar se le ocurriría sugerir que para que estos idiomas se desarrollen mejor debería eliminarse el castellano de la vida de los niños y niñas, porque en estas situaciones el castellano goza de prestigio social y económico, y sería imposible concebir el éxito social de un individuo sin este idioma. Esto no es porque se trate del idioma castellano, sino por el rol que éste juega dentro de la sociedad específica que se analiza. En los Estados Unidos, por ejemplo, se dan muchas situaciones en las cuales el castellano está estigmatizado y, por lo mismo, su utilización en las escuelas se considera más bien como una traba que debe ser eliminada. En el primer caso, cuando la lengua materna se valora al mismo nivel que el segundo idioma, nos encontramos en casos de bilingüismo de elite y el aprendizaje del segundo idioma por parte de los niños y niñas se facilita. En el segundo caso, el bilingüismo folklórico, se desprecia la lengua materna de los educandos, lo que dificulta su aprendizaje.En realidad, el período ideal para aprender un segundo idioma se da en la pubertad y la madurez. Si el adolescente o la persona mayor saben leer, escribir, y tiene un manejo amplio de su propia lengua, esto, sus conocimientos del mundo y el dominio de destrezas académicas, se convertirán en herramientas valiosas en el desarrollo de la segunda lengua. Por ejemplo, aprendemos a leer una sola vez en un idioma; de allí en adelante transferimos estas habilidades y las utilizamos en la lectura en segunda lengua. Estudios realizados en Canadá han comparado el rendimiento escolar de niños y niñas que fueron escolarizados desde el comienzo en un segundo idioma, niños y niñas que empezaron el aprendizaje del segundo idioma en segundo y cuarto grado. Cuando se evaluó y comparó el manejo de la segunda lengua en los tres grupos, así como su manejo escolar del idioma, se descubrió que los niños que empezaron más tarde rendían ligeramente mejor que aquellos que iniciaron el estudio de la segunda lengua durante su primer grado de escolaridad.El aprendizaje de una segunda lengua implica un difícil trabajo mental y emocional y, por lo mismo, debe ser planeado e implementado cuidadosamente. Es muy peligroso confundir la capacidad de decir unas cuantas frases en castellano con el manejo del idioma que es necesario tener para alcanzar éxito en la educación. Parte del fracaso escolar de las poblaciones indígenas se debe precisamente a que se ha asumido que los niños y niñas contaban con un manejo suficiente del castellano para ser escolarizados exclusivamente en este idioma.Mito 3 Una vez que las o los estudiantes puedan hablar en castellano ya están listos para ser escolarizados exclusivamente en ese idioma.Ligada al mito anterior, está la creencia de que los niños y niñas ya conocen completamente el castellano cuando pueden decir algunas palabras o frases y, por lo tanto, su escolaridad debe continuar exclusivamente en castellano. La lengua indígena no debe ser percibida como un trampolín hacia este idioma ya que tiene valor en sí misma y cumple un importante rol en el desarrollo futuro de un individuo armónico y productivo. Cuando la lengua familiar de los niños es vista como un problema que debe ser erradicado, se viola el principio básico de valorar la identidad de los estudiantes y los medios que ellos usan para conocer y relacionarse con su entorno.El idioma que el niño y la niña lleva a la escuela es parte de su identidad, y debe ser apreciado en el proceso educativo como un recurso importante en el desarrollo de sus conocimientos generales, su bilingüismo e interculturalidad. El costo individual y social de rechazar la lengua y cultura de los educando es irreparable. Lo sabemos no solo a través de la experiencia latinoamericana, ya que existen estudios que documentan tragedias similares experimentadas por niños y niñas que hablan lenguas amerindias o castellano en Estados Unidos, finlandés en Suecia, coreano en Japón.El resultado negativo de despreciar la lengua y cultura de los niños y niñas, se traduce en pobre rendimiento académico, deserción escolar, baja autoestima, ruptura de la estructura familiar, rechazo de lo propio, alienación e imposibilidad de desarrollarse de manera profunda en aspectos académicos o sociales. La educación de niños y niñas de habla indígena se propone romper con este círculo vicioso al desarrollar su habilidad para comunicarse interculturalmente, manejar con competencia tanto su lengua como el castellano, contar con las destrezas y conocimientos que les permitan realizar sus aspiraciones y alcanzar, en general, el desarrollo propio de un ser humano equilibrado y productivo.Mito 4 El apoyo de la lengua materna se convierte en un impedimento para el desarrollo del castellano como segunda lengua.Sabemos con certeza que el elemento que predice con mayor exactitud el éxito en la adquisición de un segundo idioma es el nivel de desarrollo de su lengua materna que tienen los niños y niñas. Existe un vínculo directo entre el conocimiento del mundo, el manejo de destrezas de conocimiento y la lengua materna.Esto implica que, dentro y fuera de la escuela, debemos propiciar el uso del idioma materno de los niños y niñas. La situación ideal para los niños vernáculo-hablantes, al igual que para todo niño o niña, es aprender a leer y escribir en su idioma materno, y estudiar al mismo tiempo castellano como segunda lengua, para que una vez que cuenten con una base en este idioma, el currículo pueda continuar dividido entre ambas lenguas. En cuanto al aprendizaje del castellano como segunda lengua, son infundados los temores de que si el maestro debe explicar ciertos procedimientos en el idioma indígena, estará desperdiciando tiempo valioso para el desarrollo del castellano. Sobre todo al comienzo de la clase, el uso del idioma de los niños será necesario de vez en cuando, pero tenderá a ir desapareciendo ya que la explicación de procedimientos, por lo general, sigue ciertas rutinas y es bueno que los niños y niñas se acostumbren a ellas en castellano.De igual manera, de vez en cuando los niños y niñas recurrirán a su idioma cuando estén tratando de entender ciertas actividades de la clase. En estos casos es preferible no censurar el uso de la lengua y apoyarlos con explicaciones y ejemplos en castellano que les ayuden a entender mejor las situaciones.
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